¡Cómo me gusta leer a Antonio Muñoz Molina!
Plenilunio es una novela de soledad, pero también de búsqueda: de un asesino, de una paz que nunca llega, de la felicidad...
Un inspector de policía investiga el brutal crimen de una niña en una ciudad de provincias (aunque no se menciona, todo apunta a que se trata de Úbeda). Acaba de ser trasladado desde Euskadi y aún pervive en él la amenaza de ETA. De hecho, su mujer no ha podido superar la presión y está ingresada en un centro psiquiátrico. El inspector, del que no llegamos a conocer su nombre, igual que el del asesino, no es un dechado de virtudes: en el Norte bebía, iba con mujeres, tenía a su mujer abandonada... Es un personaje que ha tocado fondo y ahora sólo puede renacer, pero para ello debe encontrar al asesino...
La novela está plagada de poesía, pero también de crudeza. Y tal vez sea esa mezcla la que la hace tan especial.
"Tiembla, helada, nunca ha tenido tanto frío, se muere de ganas de orinar, se ahoga, no sabe que ahora no está dormida, no sabe dónde está, quién es, qué le impide respirar, qué mordaza la asfixia, quiere abrir la boca y no puede, no puede abrirla más, tienes desencajadas las mandíbulas pero no lo sabe, quiere aspirar el aire por la nariz y apenas lo consigue, un solo hilo afilado como una aguja, un hilo de aire y de hielo, se ahoga, quiere mover las manos y tampoco puede, no las siente, no recuerda dónde están, sueña que yace tirada y desnuda en la intemperie helada de una noche de invierno [...]"
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Desafío de colores: Azul oscuro
Desafío 25 españoles: 3º