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miércoles, 21 de septiembre de 2016

La mano invisible, Isaac Rosa

"Se oye el ris-ras-ris-ras de la paleta del albañil al raspar el cemento sobrante, el tomp-tomp de las cuchilladas sobre la tabla, el tac-tac-tac de las teclas golpeadas con furia, el clin-clin de las piezas redondas, cuadradas, triangulares y rectangulares, el risssss del folio al rasgarse, el treq-treq-treq-treq de la máquina de coser, el susurro sshh-sshh de la sonrisa telefónica, el clic-clic del ratón activado con nervio, el planc del capó al soltarlo en el suelo. [...] Percibe que cada vez se acoplan mejor unos con otros, como instrumentos que entran a su tiempo según lo marcado en la partitura hasta sonar como uno solo."
Si tuviese que describir las novelas de Issac Rosa con una palabra, tal vez la más adecuada sería "provocación": puede enfrentarnos a unos adolescentes acosadores, puede introducirnos en una habitación oscura o puede hacernos reflexionar sobre el trabajo, como sucede en este caso. Pero, en todas ellas, no deja indiferente.
El argumento de este libro es, aparentemente, sencillo: una serie de trabajadores han sido contratados para realizar su oficio en una nave industrial y han firmado, en su contrato, que aceptan ser observados por un público. Lo que no es tan fácil es su estructura, que va cambiando de narrador ofreciéndonos así diferentes perspectivas, ni, sobre todo, las reflexiones que suscita. Al igual que las otras obras que he leído de este autor, me ha encantado porque es diferente y porque, como decía al principio, provoca e invita a pensar.  
"No, ellos no estaban aquí por nada de todo aquello que alguna vez les prometieron que sería el mundo del trabajo: realizarse como personas, ganar una identidad, participar en sociedad, contribuir al desarrollo, aportar cada uno según su capacidad para recibir según su necesidad, aprender, crecer, sentirse plenos, encontrar su lugar en el mundo, nada de eso. Estaban aquí por el dinero." 
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Reto 25 españoles: 19º

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La habitación oscura, Isaac Rosa

Ya El país del miedo me había dejado impactada y esta última novela del autor no ha sido menos sorprendente: un grupo de jóvenes decide habilitar un espacio insonorizado, donde nunca entra la luz, a modo de refugio. Esa habitación los acompaña durante varios años de su vida, ofreciéndoles no solo calma ante las situaciones que los acosan a diario sino también un lugar donde experimentar con la sexualidad.  
Pero no se trata solo de eso: también encontramos actualidad política y económica y la respuesta ciudadana: una revolución en la sombra que solo se descubre hacia el final, aunque el autor nos ha ido ofreciendo pinceladas dispersas e inconexas a lo largo de la novela. Sin embargo, no hablaré más sobre este tema para no desvelar nada, pues creo que es uno de los puntos fuertes de la historia. 
Por otro lado, no solo el tema es original; también lo es la forma de contarlo. Así, el narrador utiliza la primera persona del plural para referirse a los protagonistas de la narración, a modo de grupo y no como individualidades. Y es que, aunque conocemos las historias personales de algunos de ellos, el narrador mantiene en todo momento ese plural "colectivizador".
Decía al principio que la primera novela que leí de Isaac Rosa me marcó, pues me provocó muchas reflexiones que, a día de hoy, aún recuerdo y sospecho que con esta novela me sucederá lo mismo: es de esas que dejan unos posos, como los del café, difíciles de olvidar. 
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Reto 25 españoles. 20º
Reto Sumando 2014: 18 caracteres (775/2014)

miércoles, 2 de enero de 2013

El país del miedo, Isaac Rosa

"Aprendemos a tener miedo. Existe toda una pedagogía que desde el nacimiento nos enseña a qué debemos temer. [...] hay temores que parecen innatos, por ejemplo la oscuridad, un ruido fuerte, una luz cegadora, un rostro furioso que provoca el llanto del bebé. Hay otros de transmisión cultural, asimilados [...]: ser encerrados, nadar en aguas profundas, ciertos animales de mala reputación , algunos insectos y reptiles [...] Pero la mayor parte de nuestros miedos, aquellos que nos acompañarán de por vida, son resultado de un proceso educativo, los aprendemos."  
Sin duda, un libro inquietante que da pie a la reflexión: ¿a qué tenemos miedo? ¿Qué reacciones puede provocarnos tenerlo en exceso? El protagonista de esta novela es un padre de familia que siente miedo ante muchas cosas: que entren en su casa a robar, sobre todo con su familia dentro, ante la violencia... Así, en capítulos alternos, vamos conociendo sus reflexiones sobre sus temores y fobias mientras que, por otro lado, se desarrolla toda una historia perturbadora: su hijo, que acaba de entrar en el instituto, está siendo acosado por uno de sus compañeros. Algo que parece que puede solucionarse de una forma relativamente fácil acaba convirtiéndose en una pesadilla cuando el niño extorsionador encuentra en él a una nueva víctima. ¿Puede un adulto sucumbir a sus amenazas?

"[...] entrarían en esa histérica espiral securitaria que hace que la necesidad de protección nunca deje de crecer, pues las respuestas defensivas al miedo acaban generando más miedo, las medidas contra la inseguridad producen más sensación de inseguridad (el mismo mecanismo por el que una presencia excesiva de policías en una estación de tren no nos tranquiliza, sino más bien nos asusta), tras la cerradura antirrobo uno no podrá rechazar la alarma, y tras ésta las rejas en las ventanas, el servicio de conexión a la centralita, y ya nunca descansará, con la conciencia de que los delincuentes van siempre un paso por delante [...]"

Reconozco que el protagonista me ha exasperado con su forma de comportarse, tan infantil y apocada, pero eso no quiere decir que el libro no me haya gustado. Al contrario, me ha parecido muy interesante el tratamiento que se hace sobre el miedo, aunque sea de forma exagerada. Llevaba tiempo queríéndolo leer y, afortunadamente, no me ha decepcionado. 

"Y nuestros miedos nunca dejarán de crecer"