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viernes, 18 de diciembre de 2015

Mujeres, Eduardo Galeano

"Del miedo de morir nació la maestría de narrar" 
("Sherezade")

Esta es una recopilación de los relatos que Eduardo Galeano publicó en libros anteriores como Memoria del fuegoEl libro de los abrazosEspejos o Los hijos de los días (entre otros) y que tienen como elemento común el hecho de que sus protagonistas son, como su nombre indica, mujeres.  
Santa Teresa, Evita, doña Urraca, Sherezade, las madres de la Plaza de Mayo, Alfonsina Storni, Concepción Arenal, Hatshepsut, Juana de Arco, Cleopatra y otras tantas mujeres, quizá menos conocidas, que sobrevivieron o lucharon en un mundo de hombres... Desde la Antigüedad hasta nuestros días, la lista es, como podéis imaginar, larga. 
Sin lugar a dudas, merece la pena leerlo, como cualquier obra de nuestro Eduardo...

"No hay  tradición cultural que no justifique el monopolio de masculino de las armas y de la palabra, ni hay tradición popular que no perpetúe el desprestigio de la mujer o que la denuncie como peligro.
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Reto 25 españoles: 22º

lunes, 13 de abril de 2015

Te echaré de menos, Eduardo

Por la lírica que desprenden tus palabras, por tus cuentos, por tus reflexiones, por tu afición por el fútbol, por tantas maravillosas horas que he pasado leyendo tus obras... Gracias, muchísimas gracias por todo. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Los hijos de los días, Eduardo Galeano

Abril
6
Travesía de la noche
En ciertos pueblos perdidos en las montañas de Guatemala, manos anónimas crean los muñequitos quitapenas. 
Ellos son un santo remedio contra las preocupaciones: despreocupan a los preocupados y los salvan de la peste del insomnio.
Los muñequitos quitapenas no dicen nada. Ellos curan escuchando. Agazapados bajo la almohada, escuchan los pesares y los penares, las dudas y las deudas, tormentos que acosan el dormir humano, y mágicamente se los llevan lejos, muy lejos, al secreto lugar donde ninguna noche es enemiga. 
De nuevo Galeano, siempre Galeano. Compramos el libro en la Feria del Libro de Madrid y desde entonces lo he estado leyendo; saboreándolo tranquilamente, poco a poco. El libro es, en realidad, una especie de calendario, ya que cada día podemos leer un pequeño fragmento de la historia, de las leyendas hispanoamericanas y, sobre todo, de las acertadas y maravillosas reflexiones del autor...  
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Desafío 25 españoles: 25º

jueves, 13 de septiembre de 2012

Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Eduardo Galeano

"Este mundo, que ofrece el banquete a todos y cierra la puerta en las narices de tantos es, al mismo tiempo, igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda".  

Siempre, siempre fantástico, Eduardo Galeano: no hay libro que me decepcione... En este caso, se trata de toda una reflexión de lo más actual y que, sin embargo, publicó en 1998. Me he pasado todo el verano degustando, poco a poco, sus palabras:

"El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo".

"Según el diccionario, secuestrar significa <>. El delito está duramente castigado por todos los códigos penales; pero a nadie se le ocurriría mandar preso al gran capital financiero, que tiene de rehenes a muchos países del mundo y, con alegre impunidad, les va cobrando, día tras día, fabulosos rescates".

"Los derechos laborales, legalmente consagrados con valor universal, habían sido, en otros tiempos, frutos de otros miedos: el miedo a las huelgas obreras y el miedo a la amenaza de la revolución social, que tan al acecho parecía. Pero aquel poder asustado, el poder de ayer, es el poder que hoy por hoy asusta, para ser obedecido. Y así se rifan, en un ratito, las conquistas obreras que habían costado dos siglos".  
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Desafío 25 españoles: 17º
Desafío Libros de Colores: Naranja

domingo, 21 de noviembre de 2010

Me aburre toda esta historia que se monta cada vez que hay un Barça-Madrid. Tanto, tantísimo, que cuando llega el día señalado no me apetece nada ver el partido. ¿Realmente merece la pena perder esos 90 minutos, más los días (o semanas) previos y posteriores? Tengo la sensación de que cualquier partido es más interesante que "el clásico". Y no es porque sea del Barça y viva en Madrid, sino por esta ceremonia mediática que lo único que hace es caldear los ánimos en uno y otro bando dejando de lado lo más importante: el placer de disfrutar con el fútbol simplemente por eso, porque es fútbol.

Este verano leí el libro de Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra. Es una reflexión sobre la industria del fútbol, además de un recorrido por la historia de este deporte. Aquí os dejo un fragmento, por si os interesa leerlo:

EL HINCHA

Una vez por semana, el hincha huye de su casa y acude al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpentinas y el papel picado: la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles batiéndose a duelo contra los demonios de turno.
Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, Glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias, maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.
Rara vez el hincha dice: “Hoy juega mi club”. Más bien dice: “Hoy jugamos nosotros”. Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria, qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota, otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. Es estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de ceniza después de la muerte del carnaval.